Feb 28 2016

La obesidad encarada desde la psicología

La obesidad es uno de los trastornos de la conducta alimentaria que se están viendo con mayor frecuencia en la clínica psicológica.

Nuestra sociedad nos “vende” día a día un modelo estético que está desvirtuado de la realidad argentina. Para ser un sujeto inserto en esta sociedad la cultura nos prohíbe ser gordo. El obeso es discriminado, pero a la vez se lo busca como sujeto de consumo; esta es una realidad que se ve a diario a través de los medios masivos de comunicación, los cuales promocionan desde productos light, aparatos de todo tipo y la receta mágica de bajar de peso sin realizar esfuerzos. Estas soluciones mágicas lindan más con la fantasía que con la realidad de los sujetos que padecen este tipo de trastornos; más que fomentar un ideal de salud apuntan a un ideal estético pocas veces alcanzable. Es más, diría inalcanzable.

Lo que no se tiene en cuenta es la realidad psíquica de las personas que consumen estos productos, que, ya cansados de lidiar con su sobrepeso y después de haber pasado por infinidad de dietas y especialistas, buscan desesperadamente una solución a su padecimiento, muchas veces poniendo en riesgo su salud integral, tanto física como psicológica.

Lo peligroso de estas estrategias de consumo es que ponen en juego, en el caso de las personas obesas, a sujetos con personalidades poco tolerantes a la frustración y en quienes un desaliento muchas veces puede ocasionar virajes emocionales muy peligrosos; sin el apoyo psicológico profesional los resultados pueden ser realmente lamentables.

En la clínica psicológica se ve a un sujeto que carga sus kilos demás con angustia y ese cargar además no es sólo de kilos, sino también de una gran conflictiva personal; sienten que todo el peso está sobre ellos y que así ya no pueden continuar. Muchas veces los pacientes están más identificados con su ansiedad y su relación con la comida que con sus problemas de fondo. Pero decididamente se está dando un cambio positivo en relación con lo que piensan las personas acerca de su sobrepeso, estamos viendo un estado de concientización de que los kilos demás no vienen sólo como consecuencia de un desorden alimenticio, orgánico o por atracones sin razón, sino que tras esa enmascarada, que es la gordura, hay un sujeto con conflictos psicológicos fuertes que necesitan ser trabajados.

En la obesidad, debajo de este observable sobrepeso mórbido, se esconde una conducta desviada en relación a la conducta sana esperable en el acto de alimentarse y tal desviación tuvo un momento de desenlace rastreable en la vida del sujeto. De esto se trata justamente la dirección del tratamiento inicial para todo paciente comprometido en resolver su problemática de sobrepeso; es el hacerse responsable y estar dispuesto a enfrentar sus propios miedos y “demonios”.

La obesidad está caracterizada por un cuadro sintomático de atracones con una variable preocupación por el tamaño y el peso corporal, y una fuerte sensación de pérdida de control. Posterior a esto aparece la ideación culposa (sensación de culpa).

Generalmente una persona con obesidad que decide iniciar un tratamiento ya ha pasado por un tortuoso camino lleno de avances y retrocesos en lo que es su lucha contra el sobrepeso.

El paciente consciente de su obesidad, durante el tratamiento, advertido de los riesgos para su calidad de vida, permite idear estrategias de abordaje clínico que se puedan vincular con la falta de inscripción de sucesos traumáticos no elaborados. Ejemplos de estos sucesos son: Duelos no tramitados, designaciones injuriantes familiares precoces, la discriminación y el uso de calificativos despectivos acerca de su cuerpo y de su persona que han empezado muy tempranamente y en el seno familiar. Así, el niño que padece un sobrepeso y es maltratado continuamente no sólo por sus pares, la sociedad total y sus padres, seguramente llenará su falta de contención con más comida y esto es lo que lamentablemente hace que el trastorno alimenticio se agrave con el paso de los años y cause consecuencias negativas tanto en el plano físico como psico-emocional, llegando a ver adultos con una desestimación total por su cuerpo, la autoestima totalmente rebajada, con el sentimiento de ser inservibles y pensando que así como son (gordos), no son nada (falta de valoración).

Esto es lo que vemos a diario en la clínica psicológica de lo que es uno de los trastornos de la conducta alimentaria más complejos, pero tratable…


Oct 6 2013

Bulimia Nerviosa

Hay que tener en cuenta que tanto la anorexia como la bulimia forman parte de lo que en psicología se han dado en llamar patologías de la época. Hoy en día nos encontramos en la clínica con pacientes que padecen distintos trastornos asociados a la conducta alimentaria: obesidad, bulimia, anorexia entre otros; ninguno de ellos es más importante que el otro y todos tienen su connotación tanto sociocultural como emocional.

En el trastorno bulímico intervienen factores biológicos, sociales y psicológicos que desvirtúan la visión que la persona tiene de sí misma.

Algunos de los factores que encontramos en la bulimia coinciden con los de la anorexia, como: los trastornos afectivos surgidos en el seno familiar, en algunos casos el abuso de drogas, la obesidad, la diabetes. Así como también determinados rasgos de la personalidad: las ideas distorsionadas del propio cuerpo y la baja autoestima.

El paciente con bulimia nerviosa es incapaz de dominar sus impulsos de comer, pero el sentimiento de culpa y vergüenza después de ingerir grandes cantidades de comida lo lleva a utilizar conductas compensatorias (inducción de vómitos, uso excesivo de laxantes, diuréticos, enemas) o realizar regímenes rigurosos o ejercicio excesivo para contrarrestar los efectos del atracón de comida y así evitar engordar. La persona sufre un miedo intenso a engordar.

No hay que confundir lo que es anorexia nerviosa con bulimia nerviosa; una de las características propias de la bulimia nerviosa es que no hay un peso bajo anormal, la persona se mantiene dentro de los limites de peso normal, lo que sí hay es una distorsión nociva de la imagen corporal. Los sujetos construimos nuestra imagen corporal (figura, forma y tamaño) a partir de nuestra historia, nuestra cultura y cómo vivimos lo social, esta imagen corporal es una representación mental inconsciente.

Existen según los criterios diagnósticos del D.S.M. IV dos subtipos de bulimia nerviosa:

Subtipo purgativo: En este la persona se provoca regularmente el vómito o usa laxantes, diuréticos o enemas en exceso.

Subtipo no purgativo: Compensa los atracones con ayunos, ejercicio excesivo, pero no recurre al vómito, ni laxantes, ni diuréticos, ni enemas.

Síntomas de la Bulimia Nerviosa

  1. Episodios recurrentes de atracones de comida.
  2. Sensación de pérdida del dominio de la ingesta durante los atracones de comida.
  3. Uso regular de conductas compensatorias, dietas estrictas, ayunos, ejercicio muy enérgico para evitar el aumento de peso.
  4. Un mínimo de dos episodios de atracón de comida a la semana durante al menos tres meses.
  5. Preocupación exagerada por la figura y el peso corporal. Las personas con bulimia están continuamente obsesionadas por su aspecto y trabajan duro para ser lo más atractivas posibles.
  6. Antecedentes de dietas frecuentes. En su gran mayoría las personas que desarrollan bulimia nerviosa tienen en su historial varios intentos de controlar su peso.
  7. Síntomas de depresión. Incluyen pensamientos melancólicos o pesimistas, poca tolerancia a la frustración, ideas recurrentes de suicidio, escasa capacidad de concentración e irritabilidad creciente.
  8. Excesivo temor a engordar. Pánico a engordar.
  9. Comer en secreto o lo más inadvertidamente posible.
  10. Mantenimiento de un estándar normal mínimo de peso. A diferencia de la anorexia, las personas bulímicas no tienen una figura demacrada.

Hay que tener en cuenta que las causas de este problema son múltiples. Este trastorno puede aparecer a cualquier edad y repetirse en diferentes momentos de la vida; las recaídas están asociadas a situaciones traumáticas de la vida del sujeto (separación de la familia por razones de estudio o trabajo, divorcios, pérdida de un ser querido).

Las altas demandas familiares y sociales llevan a que se generen experiencias de rechazo social, baja autoestima y se atribuye el fracaso al sobrepeso. Así, la poca tolerancia a la frustración, el medir si se es más o menos feliz por el peso corporal, los modelos identificatorios errados y la presión por no fallar llevan al sujeto a estar inmerso en un ciclo destructivo que comienza con la presión por ser delgado.

Por desgracia los jóvenes diariamente tienen la constatación a partir de los medios masivos de comunicación que en nuestra cultura la delgadez se considera un requisito para el éxito.

Cuando en la consulta clínica nos encontramos con un paciente con el trastorno ya instalado es necesario rastrear cómo se originó en el sujeto y cuál fue el motivo; esto es una regla fundamental para entender por qué surge un trastorno de la alimentación y dilucidar cuál es la causa que lo desencadenó. A partir de allí se podrá iniciar el diseño del trabajo clínico, siempre teniendo en cuenta que es imprescindible en este tipo de patologías hacer un trabajo multidisciplinario junto a otros profesionales de la medicina (psiquiatras, nutricionistas, médicos clínicos), ya que al ser una patología compleja no alcanza sólo con el tratamiento psicológico, sino que debe abarcarse el problema en sus múltiples dimensiones.


Abr 9 2013

Cuando se toma la decisión de someterse a una cirugía bariátrica…

A lo largo de la última década se ha ido extendiendo progresivamente  la práctica de la cirugía bariátrica para el tratamiento de la obesidad mórbida. Mediante este método el paciente que padece de una obesidad mórbida logra bajar su peso considerablemente en un lapso corto de tiempo. Esta difícil decisión de llegar a la instancia de someterse a una intervención quirúrgica generalmente viene ligada con el cansancio y hartazgo de dietas, ejercicios y métodos tradicionales; la persona en esta instancia ya posee una obesidad que le impide realizar cómodamente su vida cotidiana, toda tarea que requiera una mínimo desplazamiento a veces es sumamente cansadora y muchas veces deben depender de terceros para poder hacerlo.

Aquí es donde aparecen los signos de angustia y la idea de que “así ya no puedo seguir”; el cuerpo comienza a poner límites, el cuerpo habla y lo hace a través de síntomas (dolores articulares, colesterol alto, diabetes, etc.) y en el plano psicológico eso se traduce en autoestima baja, angustia por no poder mirarse en un espejo (no aceptación de su imagen corporal), reclusión voluntaria, angustia por no conseguir la ropa que le gusta porque no les queda, y es así que vemos aparecer al paciente muchas veces con un mismo vestuario. A esto se agrega la continua degradación de sí mismo (temor a exponerse en público, temor a hacer el ridículo, temor al qué van a decir, entre otros). Aquí es donde se rastrea el peso que tiene sobre el psiquismo de un sujeto la mirada de los otros. De nada vale que quienes rodean al sujeto insistan en que baje de peso, porque eso generalmente produce un efecto negativo. Se sienten torturados constantemente, controlados, no comprendidos y la forma que encuentran de calmar esa angustia de no poder decir todo lo que sienten es comiendo.

La creencia común es pensar que la persona obesa es “gorda” porque quiere, por indisciplinada, porque no tiene constancia con las dietas, porque le gusta estar así y la realidad es que los que siguen esta creencia están muy lejos de entender lo que realmente pasa en una persona que sufre de obesidad; su relación con la comida no es placentera, todo lo contrario muchas veces es una vía de escape, un castigo. No se tiene en cuenta que una persona puede estar en esa situación por problemas metabólicos, porque ya tiene un sobrepeso que no se soluciona sólo con dieta y ejercicio, o por cualquier otro motivo. Lo real es que el obeso no es obeso porque quiere, ni tampoco sus atracones de comida son por placer.

Hice referencia a la  incomprensión porque en muchos casos de la clínica se escucha que el sujeto que sufre de obesidad se siente incomprendido, tanto en su seno familiar como en su trabajo o con sus amigos, porque insisten en hacerles ver una realidad que ellos desgraciadamente viven día a día (el hecho de que están gordos), y que no hacen nada para solucionarlo, que deberían empezar una dieta, etc. Entonces surge la respuesta desde el sujeto: ¿Hacer qué? Acaso otra dieta imposible, salir a correr, ver especialistas o hacer qué otra terapia alternativa.

El hecho es que sienten que quienes no han sufrido de sobrepeso jamás van a entender lo que les pasa y por eso suelen identificarse a personas que son o han sido en algún momento obesas.

Pero la incomprensión sigue, cuando ya han decidido realizarse la operación bariátrica y comunican su decisión siempre están quienes dicen: -¿Estás seguro?, ¿Una cirugía es peligrosa? ¿Vos no lo necesitas? Y el sujeto llega a pensar “querían que haga algo y ahora que decido no les gusta”, esto lleva a que muchas veces mantengan su decisión en secreto y sólo se lo comuniquen a personas de su mayor confianza y de quienes saben no van a recibir más que palabras de aliento; hacen esto para evitar escuchar constantemente las opiniones ajenas. Entonces el sujeto se encuentra en la disyuntiva de escuchar todo lo que dicen los demás o llevar a cabo su deseo propio, y es aquí, cuando el deseo está posicionado fuertemente en el sujeto, cuando lo va a llevar a cabo pese a quien le pese.

De esta manera inicia el camino hacia el compromiso de cambio, digo compromiso de cambio porque si el paciente no está realmente preparado para afrontar el costo (monetario, físico y psíquico) que requiere el proceso de hacer real aquello que imaginó, seguramente abandonará o desistirá de su decisión de operarse en poco tiempo. El mantener la decisión mucho tiene que ver con un proceso interno que debe llevar a cabo el propio sujeto.

Durante mucho tiempo culturalmente se pensó que quienes eran “gorditos” tenían salud, y eso era muy evidente en los niños, y que quienes eran demasiado flacos seguramente estaban enfermos. Hoy en día sabemos que ambos extremos son patológicos y aunque se catalogue a los trastornos de la conducta alimentaria (obesidad, anorexia y bulimia) como patologías de esta época, lo real es que ya existían antes de que culturalmente nos diéramos cuenta de la gravedad de estas problemáticas.

Lo importante es que se está logrando poco a poco una concientización colectiva de estos problemas tanto en las personas que los padecen como en los profesionales idóneos para intervenir en este tema.