Jul 21 2013

El suicidio adolescente

“Si yo fuera valiente me suicidaría, pero he esperado tanto tiempo que es cuestión de jugar un rato más y que el tiempo me suicide” – J. L. Borges

Ante esta temática tan preocupante vale comenzar con interrogantes: ¿Por qué el suicidio adolescente se ha instaurado como una problemática en este último tiempo?, ¿Qué lleva a un adolescente a pensar que su única salida es la muerte?

El acto suicida se enlaza a los grandes cambios culturales y económicos que han ocurrido en la última época en nuestras sociedades. Estos cambios han llevado a que grandes grupos humanos queden por fuera de lo que es nuestro sistema. La cultura posmoderna con sus innovaciones y sus tiempos tan breves suele banalizar lo nuevo y promover el goce ilimitado, permisivo, sin restricción; pero este sentimiento del “todo poder” es difícil de sostener, en ciertas ocasiones el sujeto se encuentra imposibilitado psíquicamente para soportar las insatisfacciones y esto nos lleva a encontrarnos con el famoso malestar en la cultura, donde ya podemos ver el acto suicida como un acto más de agresividad, solo que esta agresividad esta re-direccionada hacia la propia persona.

Se discriminan dos modalidades de aniquilación, la que está dirigida hacia el mundo exterior, que se despliega sobre personas, familia, grupos y por otro lado la violencia dirigida hacia el propio yo, el suicidio en sí, la auto-aniquilación, que engloba tanto los accidentes como el suicidio.

En la actualidad muchas veces se escucha que las personas ante la muerte preferirían una muerte rápida, sin sufrimiento, como un quedarse dormido sin despertar.

El suicidio puede ser consciente o inconsciente, pero responde a un proceso inconsciente y se suele manifestar mediante accidentes. El sujeto muchas veces puede aprovechar hábilmente una situación exterior y conducirla hasta producirse el daño perseguido. Esto es evidente en los adolescentes donde muchas veces estas situaciones externas rozan con el límite, son ejemplos: Juegos con armas, consumo excesivo de alcohol, exceso de velocidad, consumo de diferentes sustancias, etc. Freud al respecto nos dice: El yo se deja de lado porque se siente perseguido por el superyó y en un intento de suprimir el peligro se aniquila a sí mismo; si a esto lo pasamos en limpio, lo que vemos es una persona que no puede pensarse ni dimensionar el daño que puede ocasionarse, sólo puede sentirse perseguida, ahogada por las exigencias puestas desde el exterior como desde su propio interior; y en un intento desesperado por encontrar una salida lo único que termina encontrando es su propio fin.

La muerte está en el accionar constante de estos sujetos, siempre están caminando por el borde de la cornisa desafiando todo. Esta especie de jugueteo con la muerte no hace más que agregar a su existencia el poder sentirse por un momento dueño de su propia vida, sentirse ser en el accionar, sentirse sujeto que enuncia, que tiene palabra y no uno más entre la muchedumbre. Este malestar en la cultura nos muestra la más cruda realidad descarnada de que quien no enuncia no existe y pone al sujeto el rotulo de ser uno más, cuando en realidad lo que el sujeto desea es poder ser en el montón. Esta desilusión es la que lleva al recogimiento del yo, a resguardarse, al anonimato, al enmudecimiento. Aquí ya no vemos angustia como señal de que algo anda mal; en estas instancias vemos dolor que es más bien una apatía que deriva en una herida, una hiancia (vacío), por donde corre una hemorragia narcisista. Se trata de una perdida de energía que implica el dolor.

El deseo suicida se enlaza a una especie de autocastigo y autorreproches dirigidos al yo. En ciertas situaciones estos castigos del superyó son tan fuertes que el sujeto sólo puede pensar en callar estas voces del inconsciente, pero sólo lo logra matándose a sí mismo.

En estos intentos quien se mata no se mata a sí mismo, se mata intentando salvarse de la crueldad del superyó, pasa que en ese intento desesperado no se da cuenta de que el superyó forma parte de sí mismo. Tampoco es un acto egoísta, necesita dejar de sufrir para poder volver a vivir, así ya no puede seguir viviendo.

En la adolescencia son palpables estos momentos de recogimiento yoico (relativos al yo), quienes rodean al joven deben ser lo más astutos posibles para advertir en qué momentos éste va dando señales de su sufrir y buscar inmediatamente la ayuda profesional necesaria para guiar el proceso melancólico y que no termine con un intento de aniquilación.